Real Colegiata de Santa María la Mayor (Dirección:  Plaza de Santa María) La importancia de este edificio estriba en ser el primero que se concibió dentro del estilo renacimiento en Andalucía. Es realmente una obra excepcional por sus proporciones y calidad de su diseño. En ella coexisten dos diversos criterios de estilo; por una parte encontramos elementos que nos recuerdan al gótico tardío y por otra sus trazas y diversos elementos decorativos corresponden ya al nuevo estilo que surgía en Italia. La construcción la podemos fechar en los años 1514 – 1550. Se fundó por iniciativa del obispo de Málaga don Diego Ramírez de Villaescusa. En las obras del templo se emplearon numerosos sillares procedentes de la ciudad romana de Singilia. Las trazas en un principio se hicieron siguiendo modelos góticos, como podemos observar en la cabecera, para concluir las obras dentro del más puro estilo renacentista. El exterior de Santa María destaca por su grandiosa fachada, sin duda la más monumental de Antequera. Realizada totalmente en piedra de sillería, el tracista de esta fachada la articuló en tres calles separadas por contrafuertes, en cada una de las cuales se abre una puerta, siendo la central mayor que las laterales. En el ático encontramos una balaustrada ciega, muy renacentista. Analizado en detalle cada uno de sus elementos, vemos como quieren responder a un estilo nuevo, desconectado de lo gótico. Quizás sean los pináculos cónicos estriados los elementos de mayor rareza. La ornamentación de la fachada, se localiza principalmente en los tres grandes nichos, respondiendo a un diseño decorativo muy geometrizante, con algunos elementos manieristas. El interior actualmente se encuentra prácticamente vacío de elementos ornamentales y de retablos, ya que el templo no se dedica al culto, sino a acoger conciertos y exposiciones itinerantes. Se nos muestra como un bello salón columnario de planta basilical en la que las tres naves quedan separadas por imponentes columnas de orden jónico. Sobre estas se disponen cinco arcos de medio punto a cada lado, decorados con pomas o perlas. Para conseguir una mayor altura en la nave central, se dispuso un cuerpo de arcos de descarga, a manera de falso triforio ciego. En su cubrición es cuando se advierte un mayor alejamiento de las fórmulas renacentistas. La Capilla Mayor, de planta rectangular, muy profunda, se cubre con bóvedas de estilo gótico-mudéjar, que dibujan dos grandes estrellas, de seis y ocho puntas. La claridad y luminosidad de la capilla se debe a las elegantes ventanas de tipo florentino, elemento que acentúa notablemente el italianismo de todo el interior. El resto de las capillas de esta Colegiata, abiertas a las naves laterales e independientes entre sí, responden a tipos y épocas diferentes. Especial atención tienen las tres armaduras mudéjares que cubren las naves, construidas antes de mediar el siglo XVI. La central es rectangular y muestra en sus faldones y almizate una compleja decoración de lazo a base de estrellas de distinto tamaño. Las armaduras de las naves laterales son ochavadas y siguen en sus programas de diseño esquemas similares a los empleados en la central.
Iglesia del Carmen (Dirección: Plaza del Carmen): Casi colgada en un escarpe, como vigilando desde su altura el río de la Villa, se yergue el magnífico templo exconventual de los Carmelitas Calzados, que hoy sirve de sede a la antigua parroquia de Santa María la Mayor. Las obras de este templo y del desaparecido convento parece ser que comenzaron en los años finales del siglo XVI. Encontramos una sencilla fachada, cuyo elemento más significativo es su portada manierista. Esta se compone de un arco de medio punto, jalonado de dos medias columnas toscanas sobre plintos, coronándose todo el frontón curvo y partido, que aparece centrado con un escudo del Carmelo. A mano derecha de esta portada se sitúa una pequeña espadaña, de un solo hueco, único resto del campanario tras la demolición, en 1883, de la llamada torre del Gallo. El conjunto de la planta de esta iglesia sigue, con algunas variantes, el modelo de iglesia morisca granadina, de una sola nave, capilla mayor espacialmente muy definida y capillas laterales totalmente independientes entre sí. Además, en el siglo XVIII, se añadió, a los pies de la iglesia, la nave de la Cofradía de la Soledad, concebida como una capilla más. El importante artesonado mudéjar que cubre todo el espacio de la nave, terminado en 1614, es de tipo rectangular y sin tirantes de madera, lo que permite, lógicamente, una mayor visibilidad. Su decoración de lazo, está totalmente decorada por un enjambre de lacerías, que sólo se ven interrumpidas por tres piñas de mocárabes. La capilla mayor, se configura en su espacio interior como un gran prisma rectangular coronado de media esfera. Pero lo que acentúa la majestuosidad de esta capilla mayor son sus tres enormes retablos, muy particularmente el central o mayor, construido en los años anteriores a 1747. Este presenta unas proporciones dilatadísimas y se considera, por su belleza y significación, como uno de los más interesantes ejemplos de la retablística barroca andaluza del siglo XVIII. Su complicada articulación de estípites, cornisas, hornacinas, cortinajes simulados…, todo ello trazado con quebradísimos perfiles mixtilíneos, que se curvan e inflexionan en un juego interminable, nos produce un primer impacto de ofuscación. Esta enorme máquina se concibió como un himno carmelitano, en el que los santos y santas relacionados con la orden se ven acompañados de toda una corte de ángeles adolescentes y pequeños, que ya tocan instrumentos musicales, ya sostienen cartelas o guirnaldas, o simplemente, juntan las manos en gráciles actitudes, que parecen tocar palmas. Resulta sorprendente pensar que todo este inmenso artilugio barroco no es sino el marco que sirve de embocadura al camarín central, en el que se guarda la imagen de la Virgen del Carmen. En relación al camarín no debemos olvidar su interés como espacio arquitéctonico bien articulado. Su planta mixtilínea y muy barroca, contrasta, en cierta medida, con la sobriedad de su decoración de yeserías y su limpieza de líneas. Los dos retablos colaterales de esta capilla mayor, a pesar de estar terminados en su dorado y policromía, creemos que son algo más modernos que el mayor. El de San Elías, en el lado del Evangelio, resulta particularmente aparatoso por la complejidad del ático. El retablo y el camarín del lado de la Epístola es el más plenamente rococó de los tres, presentando también unas proporciones más armónicas. En el arco toral de la capilla mayor está situado el púlpito de madera dorada y policromada. Esta pieza, que es obra firmada de Miguel Márquez García, se hizo en 1799 y en su barroquismo de líneas y espíritu armoniza perfectamente con los retablos descritos. A la nave central se abren seis capillas independientes, que presentan en su interior piezas de gran valor. La capilla o nave de la Soledad, situada a los pies de la iglesia, se debió levantar en el primer tercio del siglo XVIII, momento al que pertenecen las rizadas yeserías de la cupulita. La capilla tiene planta rectangular y se cubre con bóvedas de medio cañón rebajado y divide en cuatro tramos mediante arcos fajones. El retablo principal, ocupa en su hornacina central, a manera de reducidísimo camarín, la imagen de la Virgen de la Soledad. Ocupando una moderna hornacina, situada en el arco de acceso a la capilla, se expone con cierto sentido museístico la primitiva imagen de la Virgen del Socorro, realizada a finales del siglo XV y regalada por los Reyes Católicos a la iglesia-mezquita de San Salvador. Técnicamente está realizada en pasta de cartón y montada sobre una estructura de madera, conservando la policromía primitiva en parte.
Iglesia de San Juan (Dirección: Cuesta Real) Esta iglesia de San Juan que fue terminada en el año 1584 y debe ser del mismo arquitecto que trazó el Templete del Papabellotas. En su aspecto exterior sólo merecen destacarse la portada de los pies y las de las naves laterales. Sin embargo la elevación del terreno incide de forma negativa en el aspecto exterior del monumento, ya que las portadas quedan semienterradas. El interior resulta verdaderamente solemne. Su planta, de tipo basilical como todas las iglesias columnarias antequeranas, sigue el modelo de la Colegiata. En San Juan nos encontramos ante un imponente salón, en el que las tres naves quedan divididas por grandes columnas de orden toscano, sobre las que se apoyan una danza de tres arcos de medio punto a cada lado. La nave central se cubre con armadura de madera de estilo híbrido entre lo mujéjar y lo renacentista; es de planta ochavada y no lleva decoración de lazo. Las armaduras laterales son de colgadizo y sin mayor interés. En la capilla mayor, poco profunda y precedida de pilastras toscanas y arco triunfal de medio punto, podemos admirar un bello retablo de estilo manierista, realizado en 1649 por el maestro Toribio Sánchez Calvo. Se trata de una traza muy sencilla y elegante, ideada para enmarcar una serie de composiciones pictóricas de gran tamaño y diversa procedencia. Entre los retablos que decoran las naves laterales destacan de forma particular las dos enormes composiciones pictóricas de Antonio Mohedano. Se trata de dos obras de considerable empeño, pero debemos lamentar en ellas torpes repintes añadidos en distintas épocas; son: La Adoración de los pastores y La Inmaculada rodeada de santos. Entre las capillas destaca la de Animas, totalmente reconstruida a fines de siglo XVIII. Pertenece a la Real Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas. La imagen titular del crucificado es obra de comienzos del siglo XVII. En esta capilla de Animas hay dos retablos colaterales del siglo XVIII, con esculturas de la Virgen del Rosario y de San José. El retablo principal de la capilla, fechado en 1785, parece que fue realizado por Antonio Palomo. No debemos omitir la reseña de la balaustrada de madera del coro y de la caja del órgano, de estilo manierista.
Iglesia de Santa María de Jesús (Dirección: Plaza del Portichuelo): Esta iglesia, cuyas obras comenzaron en 1527 y se prolongaron hasta 1615, perteneció en su fundación a un convento de los Terceros Franciscanos y, desde entonces hasta la fecha presente, ha sido objeto de numerosas reformas. De la iglesia que contemplamos en la actualidad, la parte más interesante es la capilla mayor, dedicada a la Virgen del Socorro, cuyo camarín (siglo XVIII) es de gran belleza, decorado con yeserías de una riqueza poco común. El resto de la iglesia posee algunas esculturas importantes, buen ejemplo de ellas es la de Jesús Nazareno; y lienzos notables como los de La Verónica y La Adoración de los Pastores. Al hablar de este templo también hay que mencionar a la Real e Ilustre Archicofradía de la Santa Cruz en Jerusalén y Nuestra Señora del Socorro, propietaria y conservadora de todo el edificio en la actualidad. Esta Cofradía posee buena parte del antiguo y riquísimo patrimonio de enseres procesionales, muchos de los cuales se lucen en la noche del Viernes Santo, y están expuestos en el Museo de la Ciudad. En octubre de 2013, concluyen las obras de mejora y restauración de las cubiertas de la capilla mayor y del camarín.
Convento Santo Domingo (Dirección: Plaza de Santo Domingo): La instalación de los Dominicos en Antequera data del año 1586, aunque de manera provisional se asentaron en la antigua casa de la Cofradía de Niños Expositos de Nuestra Señora de la Concepción. Ya en el primer cuarto del siglo XVII comienzan las obras de la actual iglesia. De aquella época conservamos la portada principal, la armadura mudéjar de la nave central y el artesonado del soto-coro. El exterior resulta en la actualidad de una gran sencillez. La portada de estilo manierista, presenta pilastras almohadilladas, al igual que el dovelaje del arco. El segundo cuerpo lo forma una hornacina bellamente guarnecida en la que está colocada la imagen en piedra de la Concepción, titular del templo. A ambos lados se disponen cartelas con escudos de la orden dominicana. El coronamiento de la fachada estuvo formado hasta finales del siglo XIX por un falso hastial mixtilíneo, centrado por un escudo de la orden. Para dar comunicación directa con la nave de la Epístola, la Cofradía del Rosario colocó una portadita de mármoles granadinos, fechada en el último tercio del siglo XVIII. Con idéntica función se labró la portada de la capilla del Dulce Nombre de Jesús, que se dispone en ángulo recto a la fachada principal. Su construcción puede fecharse hacia el año 1720.Actualmente esta capilla se encuentra cerrada al público por encontrarse en estado ruinoso. El interior del templo es el resultado de múltiples transformaciones y añadidos del siglo XIX. La armadura mudéjar que cubre la nave central es un ejemplar bastante singular, pues presenta una vistosa policromía en blanco, rojo, azul y oro. La capilla mayor, con bóveda de media naranja, se configura como un ámbito espacial muy definido, dilatándose hacia el presbiterio, que se cubre con cuarto de esfera. Todo ello fue decorado al temple en el siglo XIX. El retablo mayor, del siglo XVIII, es una máquina dorada en la que predomina el estípite como elemento de soporte y decoración. Los interestípites laterales se enriquecen con las imágenes de San Francisco y Santo Domingo, atribuidos al escultor Andrés de Carvajal. También se sitúan en esta capilla mayor dos enormes retablos de estilo neoclásico, fechados en el siglo XIX. En el del lado del Evangelio está la encantadora efigie del Niño Jesús Perdido, de tamaño ligeramente inferior al natural. Frontero a este retablo existe otro idéntico, presidido por la antigua imagen de Jesús Nazareno, titular de la Pontificia y Real Archicofradía de Dulce Nombre de Jesús y Nuestra Señora de la Paz. La escultura del Nazareno, tallada en 1581, es obra del artista Diego de Vega. Del florón principal situado en la clave de la cúpula de esta capilla mayor pende un monumental farol de hojalata y cristal, perteneciente antaño a la famosa “farolera” del Rosario. La nave de la Epístola, de altura muy inferior a la central, presenta cuatro tramos cubiertos con bóvedas de arista. En el primero desde la cabecera esta colocado un retablo del siglo XVIII, cuya hornacina central aparece ocupada por la imagen de vestir de Santo Domingo; en repisas laterales, buenas esculturas de Santa Rosa de Lima y Santo Tomás de Aquino. La siguiente capilla no ofrece ningún interés, salvo el pequeño camarín donde se encuentra la imagen de vestir de la Virgen de la Salud. En la siguiente capilla se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Rosario, de masiva devoción en Antequera durante los siglos XVII al XIX.Los pilares del arco de acceso de la capilla a la nave central están recubiertos de madera con profusión de golpes de talla, espejitos e interesantes relieves de San José y San Rafael realizados por Andrés de Carvajal. El rico patrimonio artístico que posee esta imagen se conserva en parte en el Museo de la Ciudad. El retablo se reduce a un gran marco dorado, debido a la dilatada embocadura del camarin. La puerta del sagrario, de plata repujada y cincelada, probable obra de José Ruiz, representa la apoteosis de Santo Tomás de Aquino, y está considerada como una de las piezas más bellas de la orfebrería barroca antequerana. El suntuoso camarín, construido antes de 1717, fue bastante reformado en el último tercio del siglo XVIII, cuando se le añadió el zócalo de ágata con símbolos marianos en piedra blanca. Señalemos la presencia de dos marcos con espejos, donados en 1753. La escultura de la Virgen del Rosario, realizada por Juan Vázquez de Vega en 1587, aparece colocada sobre un templete de madera dorada. En cuanto al capítulo pictórico, e independientemente de la decoración de muros y bóvedas, realizada en el siglo XIX y muy retocada posteriormente, señalaremos especialmente el cuadro de “La Epidemia”, exvoto monumental dedicado a la Virgen del Rosario, que muestra el apocalíptico aspecto de la ciudad durante los días de la epidemia de peste del año 1679. Por último, entre los enseres procesionales que integran el patrimonio de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, destacar el palio de la Virgen de la Paz, la peana procesional tallada en 1682 por Antonio del Castillo y dorada por Manuel de Borja, la cruz de plata que porta el Nazareno, realizada en el último cuarto del siglo XVII y la peana procesional del Dulce Nombre, recubierta de aplicaciones de plata dorada.
Iglesia de San Sebastián (Dirección: Plaza San Sebastián): La Colegiata de San Sebastián es el resultado de numerosos añadidos y reformas a lo largo del tiempo. Comienza su construcción en el año 1548, dirigiendo las obras el arquitecto Diego de Vergara. El año 1692 fue importante para este templo ya que es el momento en el que se traslada la Insigne Colegial desde Santa María hasta esta iglesia de San Sebastíán, con lo cual sufrirá una gran transformación y embellecimiento. El primitivo estilo de la Colegiata es el de un renacimiento todavía indeciso.En su fachada lo más interesante es su bella portada renacentista. Presenta tres cuerpos. El inferior se encuadra por pares de columnas de fuste estriado y capiteles de forma corintia y composición algo fantástica. Las enjutas del arco de acceso se decoran con dos clípeos que encierran bustos de Santiago y San Felipe. El segundo cuerpo presenta balaustres y nichos avenerados de poca profundidad que ocupan esculturas de San Pedro, San Pablo y San Sebastián. En el ático campean las armas del emperador Carlos V insertas en el águila bicéfala. Es interesante observar el Hércules niño y las representaciones del Crepúsculo y la Noche, que fueron colocadas en el aire, quizás por un fallo de los canteros. Muy interesante es la torre, comenzada a levantar en el primer cuerpo de sillería por Ignacio de Urzueta y continuada a partir del año 1701 por el alarife antequerano Andrés Burgueño. Posteriormente, en el año 1722, Nicolás Mejías sustituyó el chapitel primitivo por otro que se destruyó en 1926 a causa de un incendio. Dos años después se realizó el chapitel actual. El elemento que ha permanecido a pesar de las transformaciones es el Angelote, nombre con el que se conoce popularmente al ángel custodio que corona la torre y sirve de veleta. Este faro terrestre presenta una compleja estructuración arquitectónica en los cuerpos de ladrillo, así como su decoración general basada en aplicaciones de golpes de barro cocido, modelados, tallados y distribuidos con acierto y elegancia. El interior de San Sebastián presenta tres naves separadas por pilares de planta cruciforme y medias columnas jónicas adosadas. Sobre estos pilares descansan arcos de medio punto. Las naves se cubrían con armadura de madera, hoy ocultas con bóvedas de yeso. Nada sabemos de cómo pudo ser la capilla mayor, ya que una explosión la destruyó totalmente. En el centro de la nave encontramos el coro, con interesante sillería tallada en madera, procedente del desamortizado convento de San Agustín, y dos órganos de estilo barroco. Sobre las gradas del presbiterio se ubica el tabernáculo de madera dorada, que se realizó para la capilla mayor de Santa María, templo del que fue traído cuando se trasladó la Colegiata. En cuanto a la retablística, merece destacar el de Santa María de la Esperanza, que ocupa el testero de la nave del evangelio, obra de Bernardo Simón de Pineda. Son anteriores a este retablo las imágenes de San Sebastián y Santa María de la Esperanza, escultura gótica de comienzos del siglo XV, aunque su estofado y paños le fueron renovados a fines del siglo XVII. En el testero de la nave de la epístola se encuentra el retablo de la Virgen de la Antigua, imagen renacentista, que procede de la Colegiata de Santa María, elegantísima de composición y perfecta de modelado. En la nave del Evangelio, junto a la puerta de la sacristía, se encuentra el sepulcro de Rodrigo de Nárvaez, primer alcaide de la ciudad. En la nave de la Epístola cabe reseñar una Dolorosa de vestir de fines del siglo XVIII, posiblemente de Miguel Márquez García. En la entrada en el muro del trascoro encontramos un aparatoso retablo neogótico de finales del siglo XIX. Sus ornacinas están ocupadas por tres obras de Andrés de Carvajal, En el centro el Cristo del Mayor Dolor, obra cumbre del artista, que representa a Jesús después de la flagelación, arrodillado y recogiendo su túnica. Gran parte del antiguo y riquísimo tesoro de la Colegiata fue trasladado a esta iglesia y en la actualidad se expone en el Museo de la Ciudad.
Convento de la Encarnación (Dirección: C/ Encarnación) Pertenece a la comunidad de Madres Carmelitas de la Antigua Observancia. Las obras no se iban a concluir hasta el año 1580. El exterior del edificio resulta muy sobrio y en él sólo llama nuestra atención el arco de ingreso, que decora sus enjutas con relieves de la Virgen y San Gabriel, componiendo la escena de la Anunciación; una jarra de azucenas, situada en la clave, completa el tema. En el siglo XVIII, se construyeron dos cuerpos de curiosos miradores y una espadaña. El interior repite el modelo de iglesia morisca granadina de una sola nave de cajón y capilla mayor en alto sobre gradas, cubriéndose ambos espacios con artesonados mudéjares. La armadura de la capilla mayor es de planta octogonal, y descansa sobre trompas aveneradas de yeserías. Muestra estrellas y crucetas en los faldones y limas mohamares en los ángulos. Del centro pende una graciosa piña en la que los mocárabes han sido sustituidos por ovas y perlas. Interesantes son también las zapatas y arquitrabes que sustentan el coro alto de los pies, así como las celosías de éste. Los retablos primitivos de la iglesia han desaparecido en su totalidad, a excepción de algunos restos del de San Elías. Esculturas de interés son un San José de Andrés de Carvajal y una preciosa imagen de la Virgen del Carmen de composición muy movida y de estilo rococó, realizada por el antequerano Diego Marquéz de Vega en 1787. No debemos finalizar nuestra visita sin contemplar la fachada del Convento que da a la calle de los Tintes. Esta presenta una composición de estilo manierista muy compleja, que recuerda a los diseños de Melchor de Aguirre. Fachada que ha sido restaurada durante el año 2012 por el Área de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Antequera.
Convento Santa Catalina de Siena Dirección (Dirección: Coso Viejo) El convento pertenece a la orden de las religiosas Dominicas. La primitiva iglesia fue sustituida por la actual, que es obra del alarife Andrés Burgueño. Tiene planta de típica iglesia conventual, tan repetida en España y América; presentando una sola nave, capilla mayor y coro bajo a los pies. En el exterior es de una gran sencillez, destacando diversos elementos de la fachada, como son la torrecilla de la esquina, la rítmica serie de celosías altas y la portada de ingreso al templo, muy simple de composición y que parece inspirada en la que Melchor de Aguirre realizara para la Iglesia de San Juan de Dios. Su decoración interior de yeserías es de barroquismo recargado, con profusa decoración de angelitos y formas vegetales, y se debe a Antonio Rivera. De las piezas que decoran la iglesia ninguna presenta mucho interés artístico, aunque contribuyen a crear un conjunto agradable y sencillo. En el retablo mayor destaca la Virgen del Rosario, obra probablemente de Diego Márquez y Vega. En los aspectos pictóricos destacan una Anunciación del siglo XVI, la reproducción de dos imágenes de gran devoción, el Dulce Nombre de Jesús del convento de Santo Domingo de Antequera y la Virgen de las Angustias de Granada.
Convento de la Victoria (Dirección: C/ Carrera, s/n)Perteneció este edificio a los frailes Mínimos de San Francisco de Paula, que lo abandonaron tras la Desamortización, ocupando en la actualidad el conjunto la Congregación de Religiosas Terciarias, fundada por la antequerana Madre Carmen del Niño Jesús. El templo actual se realizó entre los años 1712 y 1718. La iglesia es interesantísima en su disposición de planta y alzado. Su fachada está realizada en piedra de sillería y se organiza en tres ejes divididos por un orden gigante de pilastras compuestas y coronado de un entablamento de fuerte clarooscuro. Sobre el ático se sobrepone a mediados del siglo XVIII una espadaña de ladrillo. La nota más característica de esta fachada es su volado balcón central y los laterales que le dan un aspecto de edificio civil. Muy curioso resulta también el pinjante que cuelga en el centro del doble arco de acceso a la iglesia. Su interior es muy interesante, presentando un modelo de planta central muy elaborado. La nave es un octógono de lados desiguales, conformando un espacio alargado y articulándose en una capilla mayor de planta hexagonal. La estructura espacial resulta relativamente compleja por lo que produce desconcierto en el espectador. La decoración de yeserías no alcanza la profusión ornamental de otros templos, estando particularmente cuidada la molduración del entablamento que recorre todo el interior. El camarín, de planta hexagonal, conserva sus primitivas yeserías de comienzos del siglo XVIII. La mayoría de los retablos de la nave son ensambladuras doradas, de la primera mitad del siglo XVIII. Dentro del capítulo pictórico, destaca un lienzo de la Alegoría de la Eucaristía, que se encuentra en la capilla lateral de la Epístola. Representa una custodia dorada, rodeada de cabezas de ángeles, elementos arquitectónicos, flores, espigas y un medallón; en su parte inferior aparece una última cena, que parece obra de escuela sevillana.
Convento de Santa Eufemia (Dirección: C/Belén 1)Se fundó este monasterio de Religiosas Mínimas, consagrado a Santa Eufemia, copatrona de la ciudad, en el año 1601. La actual iglesia se levantó entre los años 1739 y 1763, trazada y comenzada por el maestro Cristóbal García. Exteriormente presenta un gracioso juego de volúmenes y tejados. Su planta octogonal tiene un gran desarrollo en altura, quedando oculta en sus cuerpos bajos de fachada, debido a los volúmenes adosados. En su exterior destacan como notas singularizadoras la espadaña y el camarín suspendido de la Santa titular. Su interior se configura como un gran espacio unitario y central, en donde la capilla y los coros alto y bajo en un mismo eje no logran romper. El alzado presenta un orden gigante de pilastras y cornisas de gran vuelo que se mezclan con elementos del dórico y del jónico. Los entrepaños cóncavos alternando con arcos de medio punto y escarzanos, provocan una articulación de líneas barrocas. La capilla mayor esta coronada con cupulita de yeserías rococó. En el camarín, sobre peana y templete dorados se encuentra la imagen titular, Santa Eufemia, obra de Andrés de Carvajal. El retablo mayor es verde oscuro, ribeteado en dorado y decoración rococó. Frontero al cancel de la calle, encontramos el bello retablo de la Virgen de los Dolores, de traza muy movida y estilo rococó. La imagen es una bella dolorosa devestir del año 1745 y de procedencia sevillana. A un lado y otro de la capilla mayor hay dos retablos de nulo interés, en los que encontramos las imágenes de San Francisco de Paula del siglo XVII, y la Virgen del Rosario. Debajo de ambas esculturas, en pequeñas hornacinas, encontramos un diminuto San José del siglo XVIII, y un San Juan Bautizando de barro policromado.
Iglesia Parroquial de Santiago (Dirección:Plaza Santiago, s/n) La iglesia de Santiago se erige como simple ermita en el año 1519, y desde 1822 hace las funciones de parroquia. El templo que ha llegado a nosotros debe ser de mediados del siglo XVIII, pudiendo ser obra del alarife Cristóbal García. Muy interesante es su exterior, en el que se fusionan la fachada-espadaña con una especie de capilla-tribuna, que recuerda los modelos de Indias. Hay que señalar también en esta fachada recuerdos mudéjares, como la propia estructura del porche camarín o la bóveda del pórtico bajo, con sus nervios trilobulados. El interior es muy sencillo, de una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón y capilla mayor con media naranja algo escarzana. En el retablo mayor se abre el camarín de la Virgen de la Salud, espacio rococó de blancas y rizadas yeserías realizado en el año 1765. La imagen de la Virgen es del siglo XVII y se ubica sobre un templete de madera dorada. El resto de la iglesia se encuentra decorada con pinturas al temple imitando cortinajes y otros motivos. En la actualidad presenta cuatro retablos laterales de poco interés y la capilla bautismal. En la sacristía se guardan piezas de orfebrería de gran valor.
Convento de Belén (Dirección: c/Belén) Este convento perteneció a los Carmelitas Descalzos hasta el siglo XIX, en el que pasó a ser ocupado por las Religiosas Clarisas, quienes todavía residen en él como monjas de clausura y se dedican a algunas labores artesanales, entre ellas la elaboración de mantecados y dulces en general. Este templo que hoy podemos admirar se estaba construyendo ya en 1628 por el portugués Gonzalo Yáñez, y tiene una sobria fachada, labrada en piedra y ladrillo combinados. La planta es de cruz latina, con capillas laterales comunicadas entre sí y elevada cúpula en el crucero. Sobresale por su interés la riquísima decoración de yeserías barrocas, fondeadas de azul, de las más antiguas del conjunto antequerano, guardando ciertas similitudes con las dela Iglesia de San Juan de Dios. Como añadidos arquitectónicos, hay que considerar los camarines de la escultura de Jesús Caído en el Monte y el de la Virgen de los Dolores, bellísima imagen de vestir perteneciente a la Venerable Cofradía de Servitas. La capilla mayor -cerrada en 1959 con una verja de madera, inspirada en el coro de San Sebastián- se decora de manera bastante singular. En su retablo se hallan, colocadas en repisas, cuatro imágenes de interés: un San Miguel Arcángel, de aire italiano; una Santa Clara; unSan Juan de la Cruz, del estilo de Mena; y finalmente, la interesantísima escultura de San Bruno, muy parecida a la que hay en el Sancta Santorum de la Cartuja granadina, obra de José de Mora. Coronando el testero de esta capilla mayor hay un enorme lienzo de La adoración de los pastores, de mediados del XVII, atribuido en algunaspublicaciones a Murillo, pero que es en realidad del hermano Fray Domingo, religioso descalzo del que nada se sabe. Entre las restantes pinturas de la iglesia, hay algunoscuadros singulares por la temática que abordan o por los elementos decorativos que presentan.
Capilla Tribuna Cruz Blanca (Dirección: Avd. de la Cruz Blanca):Fue dedicada a la Virgen del Socorro y se utilizó como vehículo permanente de difusión devocional y como punto de parada ritual en la procesión del Viernes Santo. Se ubica este monumento en el frente del bivio formado por las calles Santa Clara y Lucena, en la cota máxima del conjunto urbano de la Cruz Blanca. Sobre su cronología, sólo sabemos que en el año 1774 estaba en construcción, siendo muy probablemente obra del alarife Martín de Bogas. Estilísticamente se encuadra dentro de un barroco muy tardío. No debemos olvidar que se trata de una construcción de tipo popular. Su maqueta es bastante sencilla, presentando planta trapezoidal y dos cuerpos con triple arcada en cada uno de ellos. La decoración es, asimismo, de la máxima sencillez, limitándose en planta baja a los finos baquetones que dibujan las enjutas del pórtico. En la planta superior, encontramos arcos carpaneles de rosca almohadillada.
Capilla Tribuna Virgen Socorro (Dirección: Plaza del Portichuelo): La Plaza del Portichuelo es, sin ninguna duda, uno de los conjuntos más interesantes del urbanismo castizo andaluz, destacando como elemento de máxima singularidad la Capilla-Tribuna de la Virgen del Socorro construida en 1715. Esta es una más de las que jalonaban el antiguo itinerario procesional de la conocida como Cofradía de “Arriba”. Se ha especulado sobre su posible relación con las “capillas de indios” y con las “posas” americanas. Por tanto, estas capillas serían como una llamada constante a la religiosidad del viandante. Arquitectónicamente nos encontramos ante una construcción de maqueta originalísima, que, a pesar de su compleja estructura, resulta muy afín a lo popular. Presenta dos plantas de galerías abiertas y un ático cerrado, a manera de cubo compacto, rematado en tejadillo a cuatro aguas, con tres frentes o fachadas. Su frente principal se divide en tres calles y dos plantas, de las cuales, la inferior hace la función de pórtico o soportal y la superior, de una especie de logia. Los arcos son todos de medio punto. En la calle central presenta rosca de ladrillo y en las laterales, de estuco caleado de blanco. Interiormente, el espacio queda compartimentado en seis fragmentos.
Convento de Madre Dios de Monteagudo (Dirección: C/ Lucena, 39): Pocos monumentos antequeranos han despertado tanto interés entre los estudiosos del arte como esta iglesia conventual de Agustinas de la Madre de Dios de Monteagudo. Fue levantada entre los años 1747 y 1761, según proyecto del alarife Cristóbal García. Las Agustinas fundan convento en el año 1520. Ya en el año 1547 comenzó a levantarse el antiguo edificio, que a consecuencia de un incendio tuvo que ser sustituido por el actual. El buque exterior de este edificio sorprende por la enorme altura de sus muros de ladrillo, destacando dos volúmenes autónomos: la torre-cúpula de la capilla mayor y la bella torre-campanario. El volumen de la torre-cúpula es una elegante obra del barroco-mudéjar antequerano, se articulan tectónicamente en unos amplios paños a base de fajas verticales, arcos ciegos, nichos, óculos cuadrifoliados, molduras mixtilíneas…Todo el conjunto se cubre por un tejado a ocho aguas rematado por una magnífica veleta. La torre destaca por su gracia, sobre todo en el basamento del cuerpo principal de campanas, que se estrecha respecto de los cuerpos superiores, dando una falsa impresión de inestabilidad. El interior de la iglesia es una de las creaciones más bellas del Barroco antequerano, desde el punto de vista arquitectónico. Partiendo de un modelo de iglesia conventual muy sencillo, se llega a conseguir, gracias a un hábil juego de rectas, curvas, superficies cóncavas y a pesar de su falta de ornamentación, un conjunto espacial de los más originales de toda la arquitectura española. La nave del templo se compartimenta en cuatro tramos, separados por pilastras toscanas muy estilizadas, sobre las que apoyan arcos trilobulados. Lo que da movimiento a todo el interior es el juego de entrepaños cóncavos y bóvedas dispuestas en complicados casquetes. Muy interesante es la disposición de los coros alto y bajo. La cúpula de la capilla mayor es posiblemente la pieza más importante y lograda del conjunto. Sobre cuatro pechinas, decoradas con escudos, angelitos y motivos del repertorio rococó, se asienta un anillo mixtilíneo que da paso a una triple cúpula de estructura muy compleja. En el retablo mayor de estilo neogótico se abre el vano del camarín, pequeña estancia que al exterior aparece colgante. Este espacio lo preside la imagen de la Virgen de Monteagudo, escultura llena de gracia y de movimiento, obra de José de Medina. Son muy bellos los ángeles lampadarios ejecutados en el último tercio del siglo XVIII. En la nave del Evangelio, a los pies junto al comulgatorio de las monjas, hay una especie de retablo formado por varias urnas acristaladas de distintos tamaños, en las que se guardan algunas esculturas de interés: el grupo de Santa Ana maestra de la Virgen, la Virgen de Valvanera, San Agustín, etc. Una vez pasado el tramo que corresponde al cancel de la calle, encontramos el retablo de San Agustín, obra ejecutada por José Medina en el año 1748. Muy interesantes son los atributos de plata del santo que son obra del platero granadino Vicente Ruiz Velázquez. El siguiente retablo de la nave, junto al arco toral, es una pequeña máquina rococó de compleja estructuración y obra de taller antequerano del siglo XVIII. En el primer retablo de la nave de la Epístola, junto a la capilla mayor, está la escultura de tamaño mediano, de San José, obra probablemente de Carvajal. El siguiente altar lo ocupa la imagen del Cristo de Limpias, crucificado moderno. Junto al coro se encuentra el retablo de la Virgen del Rosario, imagen bellísima del siglo XVIII. El retablo en sí, el mejor de los que existen en la iglesia es de fines del siglo XVIII y obra probable del escultor antequerano Miguel Rodríguez Guerrero.
Convento Ntra. Sra. Remedios (Dirección: C/ Infante D. Fernando): La primera fundación en Antequera de los Franciscanos Terceros fue en el año 1519, en un lugar conocido como las Suertes. Allí empezó a ser muy venerada la pequeña imagen de la Virgen de los Remedios que fue nombrada Patrona de la ciudad en 1546. A consecuencia de lo alejado del emplazamiento del monasterio y al aumento del culto hacia la escultura, los frailes se animaron a trasladarse a Antequera en al año 1607. Las obras de la actual Iglesia de los Remedios se iniciaron en el año 1628, siendo dirigidas por los maestros Gonzalo Yáñez y Fernado de Oviedo. Al primero le debemos la construcción de los muros del templo hasta la altura del tejado. Fernado de Oviedo se encargó de la molduración arquitectónica interior así como de las cubiertas. La fachada presenta una disposición original, estando precedida de una tapia que cierra el compás con un claro carácter manieristaLa portada propiamente dicha es bastante sencilla, destacando en ella una logia o pórtico, cuyo tejadillo apoya en columnas toscanas, mediante tres arcos de medio punto. La bellísima espadaña, que está realizada totalmente en piedra, fue levantada por el maestro cantero Pedro de Arévalo. La planta de la Iglesia es de cruz latina, con naves y capillas laterales, presentando cabecera plana. La nave central, más alta que las laterales, se cubre con bóveda de medio cañón, dividida en cinco tramos. La cúpula del crucero es de media naranja rematada en cupulino. Las pinturas al temple cubren todo el templo. Los temas iconográficos del crucero hacen referencia a pasajes de la Vida de la Virgen, San Antonio y de San José. El retablo mayor de esta Iglesia, uno de los más bellos de los existentes en Antequera, construido en el primer tercio del siglo XVIII, es obra del estuquista y entallador antequerano Antonio Rivera. Su esquema compositivo participa del habitual de José de Churriguera. Detrás del retablo se sitúa el magnífico camarín de la Virgen de los Remedios, realizado entre los años 1700 y 1707. Su planta es hexagonal y se cubre con bóveda semiesférica sobre pechinas, rematando el conjunto un cupulino. Este espacio está profusamente decorado con yeserías. Centrando el recinto se encuentra el templete coronado o trono de la Virgen. La escultura de la Patrona es obra de principios del siglo XVI, aunque fue objeto de una profunda transformación en el año 1816 por el escultor antequerano Miguel Márquez García. Coronada en 1922 es Alcaldesa Perpetua de la ciudad. En los retablos colaterales del crucero, se pueden ver las esculturas de San José y San Antonio, obras de Andrés de Carvajal. Otra obra muy interesante de este autor es el grupo escultórico de la Virgen de los Ángeles, que se encuentra en el retablo frontero a la puerta de la sacristía. Entre las capillas de la nave del Evangelio merece destacar el camarín rococó que ocupa la Virgen del Tránsito. En la nave de la epístola interesa detenerse en el Cristo de las Suertes, obra del siglo XVI. También, en el gran lienzo que reproduce la escena de La entrega de la Virgen de los Remedios a fray Martín de las Cruces por el apóstol Santiago.
Convento San Agustín (Dirección: C/ Infante D. Fernando, 15): Antiguo convento de San Agustín, construido entre 1550 y 1556, en lo que se refiere a su estructura general, obras dirigidas por Diego de Vergara. La portada ofrece una composición manierista, destacando un volado balcón que le aporta cierto aire civil al edificio. La torre, de estilo manierista se eleva hasta la cornisa del tejado y dos más con chapitel bulboso embutida entre dos contrafuertes, presenta también dos momentos constructivos. Torre que ha sido restaurada en el año 2012 por el Área de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Antequera. Muy diversas han sido las reparaciones que ha sufrido este templo, se destacan las de 1668 que se cambia la armadura mudéjar de la nave que fue diseñada por Diego de Si loé por la bóveda de medio cañón con lunetos que vemos ahora. La capilla mayor fue remodelada dentro del estilo manierista, a ella se accede mediante un gran arco triunfal de medio punto. Tiene planta rectangular y cubierta con bóveda gótica, espacio cubierto con decoración de yeserías y con lienzos embutidos con la vida de San Agustín. Conformando por tanto una unidad espacial muy equilibrada, con ornamentaciones en estuco, con frutas, escudos, cabezas… En la nave central se sitúan los retablos de Santa Rita, Santa Bárbara y la Capilla del Santo Entierro así como en el lado del evangelio se abren unas capillas que son interesantes en cuanto a sus cubiertas y a los elementos arquitectónicos que les dan acceso. En su interior guardan retablos de diferentes estilos. COFRADÍAS EN EL TEMPLO POLLINICA Inicia los desfiles procesionales de la Semana Santa antequerana, la, una de las Cofradías de creación más reciente de la ciudad, fundada en febrero de 1949. En el año 1950 procesiona por primera vez la imagen de Jesús a su Entrada en Jerusalén, adquirida y cedida por la Agrupación de Cofradías. Realizada en los talleres Olot y representa a Jesús sobre una borriquilla delante de una palmera, acompañado una mujer con su hijo y dos jóvenes que le vitorean y aclaman con palmas y olivo. En 1956 se incorpora María Santísima de la Consolación y Esperanza, de finales del siglo XVII concedida por las Monjas Agustinas. Atribuida a José de Medina, a su vez con rasgos de Montes de Oca, antiguamente denominada Consolación y Correa, y sostenía un niño Jesús. Procesiona bajo palio verde de corte Antequerano bordado en aplicación y estrenado en 2000, anteriormente procesionó bajo palio ochavado. Tras el traslado en 1968 al antiguo convento de san Agustín, en 1961 se completa el ciclo iconográfico de esta cofradía con Jesús en la Orando en el Huerto, siendo sustituida por la actual imagen en 1974. Imagen de Andrés de Carvajal del Siglo XVIII, adaptada por Antonio Checa. Representa a Jesús de Rodillas al pie del olivo, un ángel le ofrece el cáliz de la pasión. En el año 2000, con las bodas de oro y la Coronación Litúrgica de la Virgen se estreno el palio actual y nuevos enseres, con el taller de bordado de la propia Cofradía, enseres que se pueden admirar en las vitrinas que se exponen en el templo. SANTO CRUCIFIJO Extinguida cofradía que llego a procesionar hasta 4 tronos, entre las anécdotas a lo largo de su historia, las disputas que entablaban con la Cofradía de la Soledad (con sede en el Carmen) sobre la posición de llegada al dirigirse a Santa María, lugar donde se hacía estación penitencial siglos atrás. La autoridad eclesiástica tuvo que intervenir, dando el privilegio a la de El Carmen por ser más antigua. En la Capilla del Santo Entierro podemos observar las dos imágenes la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad y el Cristo Yacente que se conservan, así como la urna de gran valor. Antiguamente procesionaba un trono con la cruz y sudario, otro con la canina (alegoría de la muerte), el Santo Entierro y la Virgen sin palio acompañada por dos imágenes más. La mayoría de sus enseres procesionales se encuentran en paradero desconocido, conservando sólo la valiosa Urna y la Corona Procesional de la Virgen, que actualmente procesiona la cofradía de la Pollinica.
Convento San José (Dirección: Plaza de las Descalzas): Fundan las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa casa y convento en Antequera en el año 1632, aunque la actual iglesia se levantó entre los años 1707 y 1734. Del conjunto del exterior destacan la portadita de regla del tiempo de la fundación y por supuesto la maravillosa fachada barroca de la iglesia, atribuida a Tomás de Melgarejo. Esta fachada responde al esquema compositivo carmelitano, aunque resulta también de un notable paganismo en sus programas iconográficos poco acorde con el espíritu y la regla la Orden. El esquema de la portada recuerda el tipo castellano, una composición rectangular, coronada de frontón triangular, en cuyo paño principal se desarrolla la portada propiamente dicha, estructurada en dos cuerpos. Esta está realizada en ladrillo magníficamente labrado y tallado, con numerosas aplicaciones de barro cocido en las que se representa un confuso programa decorativo greco romano de sirenas, tritones, pegasos y mascarones. La planta de la iglesia es de cruz latina, de una sola nave y con los brazos del crucero poco profundos. El retablo mayor, de tres calles y rematado en medio punto, utiliza profusamente el estípite como elemento articulador, repitiendo el programa de santos carmelitas que veremos en la iglesia del Carmen. Los demás retablos que decoran la iglesia deben ser de la misma época. Son muy interesantes las esculturas de los retablos colaterales del crucero, las de Santa Teresa Doctora de la Iglesia y San José, obra de comienzos del siglo XVIII, que sufrió un grave deterioro a consecuencia de una chispa, teniéndosele que sustituir la cabeza por Andrés de Carvajal. En un retablo de estilo rococó encontramos una bella imagen de la Virgen del Tránsito. En el aspecto escultórico destacar también los ángeles lampadarios del presbiterio, probablemente obra de Miguel Márquez. Las pinturas que decoran este interior son de notable interés, destacando una magnífica tela de Pedro Atanasio Bocanegra, La Virgen con el Niño adorados por San Miguel, San Gabriel, San Ildefonso y Santa Catalina. Otros lienzos importantes son las Perspectivas arquitectónicas, y una bella Guadalupana del mejicano Antonio de Torres. En clausura cuenta el Convento con una importante colección de obras de arte entre las que podemos destacar una Virgen de Belén del siglo XVIII y un San José y una Inmaculada del escultor napolitano Nicolás Fumo.
Convento Trinidad (Dirección: Avd. de la Cruz Blanca, 18): La orden de los Trinitarios Descalzos fundó este convento en Antequera el dos de Agosto de 1637. El actual templo fue levantado entre los años 1672 y 1683, debiéndose las trazas al fraile arquitecto de la misma orden, fray Pedro del Espíritu Santo. El modelo de iglesia que se sigue es el que deriva de la Encarnación de Madrid, obra de Juan Gómez de Mora. La fachada es un rectángulo enmarcado por dos pilastras lisas y coronado por un frontón triangular, articulándose el panel central en tres zonas horizontales y tres calles. A ambos lados del cuerpo principal de la fachada se abren dos amplios aletones. La espadaña es de ladrillo y se encuentra ubicada en el lado izquierdo, tiene tres huecos y debe ser de ejecución más tardía. El interior resulta amplio, tiene planta de cruz latina, cúpula en el crucero y capillas laterales comunicadas, formando naves. A los pies se sitúa el coro. En 1935, como consecuencia de un incendio, se destruyó totalmente el retablo mayor. También desaparecieron en el incendio las imágenes que ocupaban los nichos y el camarín. Esto hizo que la iglesia perdiera parte de su carácter, pues el retablo actual no tiene mucho interés. Las naves laterales no se vieron afectadas. En la del Evangelio, que tiene cupulitas del siglo XVIII, destaca el retablo situado a los pies del templo. Este está dedicado a la Virgen de la Piedad, Dolorosa de vestir del siglo XVIII, que ha sufrido numerosas restauraciones. La nave de la epístola, se cubre con bóvedas semiesféricas. El primer retablo más cercano al crucero es de estilo rococó y está dedicado al beato Juan Bautista de la Concepción, imagen de tamaño menor al natural y realizada en 1818 por Miguel Márquez García. La siguiente capilla se decora con un retablo de estilo rococó y su hornacina la ocupa la imagen de San Miguel de los Santos, obra de Andrés de Carvajal. A continuación nos encontramos con la capilla de San José con escultura muy floja. Pieza arquitectónica de fundamental importancia es la sacristía, obra del arquitecto Cristóbal García. Tiene planta rectangular y bóveda de complicada estructura, que se divide en varios tramos mediante arcos fajones trilobulados. La decoración añadida adquiere mayor importancia, sobre todo en las placas recortadas de apeo de los arcos, que en sus quebrados perfiles y ornamentación de cordones y borlas nos sugiere una idéntica inspiración oriental a la que diversos críticos han querido ver en la iglesia de las Agustinas de la ciudad.
Ermita de la Veracruz (dirección: C/ Cerro de la Cruz s/n): Este templo, que corona una de las partes más altas de la ciudad, desde donde se puede divisar toda ella y la Vega antequerana, se levantó en un estilo renacentista mezclado con elementos manieristas y pequeños detalles barrocos de yeserías en algunas capillas. La ermita se levantó por una devota a la Santa Vera Cruz y con el tiempo, se convirtió en el lugar en el cual las cofradías antequeranas, y muy especialmente la Hermandad de la Vera Cruz y Sangre de Cristo hacían su estación de penitencia. Estas se sucederían hasta el siglo XIX. Desde este momento, la transformación y el escaso uso, así como su abandono, llevarían a los dueños a cederla al Ayuntamiento a finales de los años 70, deteriorándose poco a poco, encontrándose a finales de los años 80 casi destruida en su totalidad.En 1997, el templo se ha vuelto a levantar, basándose en la planta original y añadiéndosele nuevos cuerpos.
Iglesia Capuchinos (Dirección: Plaza Capuchinos, s/n): La consagración del templo se hizo en el año 1658. El interior del mismo, como era habitual en los de esta orden, es de una extremada sencillez arquitectónica. Tiene planta de cruz latina, cubriéndose la nave, brazos del crucero y cabecera plana con bóvedas de medio cañón con lunetos y arcos fajones; la bóveda de media naranja del crucero descansa sobre pechinas decoradas de escudos guarnecidos de yeserías manieristas. El exterior sufrió algunas modificaciones el pasado siglo. De la primera época subsisten la portada del compás, que se corona con hornacina de ladrillo en la que se expone una escultura de San Francisco en piedra caliza blanca de El Torcal. La decoración interior responde a los modelos decorativos de la orden Capuchina. En este sentido observamos el retablo mayor, compuesto por un total de diez lienzos articulados por sencillas molduras. Los temas iconográficos son alusivos al franciscanismo y se disponen en torno a un enorme lienzo central en el que aparece la Inmaculada venerada por San Francisco y San Buenaventura.
Iglesia de Ntra Sra de Loreto (Dirección: C/ Los Tintes, s/n): La iglesia dedicada a Nuestra Señora de Loreto comenzó a ser construida en 1693, por orden de los Jesuitas, a quienes pertenecía también el colegio que se alza junto a la misma. El edificio en su conjunto es conocido popularmente por el nombre de “Las Recoletas”, debido a las Agustinas Recoletas, que se albergaron en él después de su abandono por los Jesuitas. En la actualidad, tanto la iglesia como el colegio pertenecen a las religiosas Filipenses de Nuestra Señora de Los Dolores. En esta iglesia nos encontramos con el ejemplar de fachada más monumental de todo el barroco antequerano, estando realizada íntegramente en piedra de sillería, como exigía el concepto de prestigio externo de los Jesuitas. En cualquier caso, las obras de la fachada no se concluyeron. El interior del templo está inacabado en su cabecera. Tiene una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón y cuenta con amplias tribunas comunicadas entre sí. Su decoración es a base de yeserías, de extraordinario efecto ornamental y riqueza. El retablo mayor, mezcla de estilo barroco y neoclásico, cuenta entre sus imágenes más destacadas con una Divina Pastora, del siglo XIX, y un Crucificado, de figura estilizada y composición inquieta, que debió de realizarse a comienzos del XVII. En una pequeña capilla de la iglesia también se puede apreciar una imagen de la Virgen del Tránsito, acostada en una magnífica cama de aparato, de estilo rococó. Cabe resaltar, por otra parte, en una hornacina situada en medio de una pilastra, un San Francisco de Borja, atribuido a Pedro de Mena. En el capítulo pictórico de esta iglesia, teniendo en cuenta que en su día perteneció a la Compañía de Jesús, la mayoría de los lienzos abordan temas relacionados con los Jesuitas.
Cuando la orden de los Padres Hospitalarios de San Juan de Dios llega a Antequera, en la segunda mitad del siglo XVII, se inician las obras de la iglesia que lleva su nombre y que se prolongarían hasta finales del XVIII. La fachada de San Juan de Dios se compone de un rectángulo flanqueado de dos grandes pilastras toscanas y entablamento, sobre el que se sitúa la espadaña. Todo ello se realizó en piedra arenisca procedente de las ruinas de la ciudad romana de Singilia Barba, en las inmediaciones de lo que hoy es Antequera, con excepción de la portada que es de caliza roja del paraje natural de El Torcal. Lo más importante del templo es el interior, joya del barroco andaluz, gracias a su decoración de blancas y movidas yeserías, algunas ribeteadas y fondeadas de azul, en las que predominan los motivos vegetales y animales, aunque también representan ángeles. Estos motivos ornamentales llegan a su máxima expresión en la cúpula del crucero, que sobre todo de día atrae la atención de los visitantes. El retablo mayor cuenta con una bella escultura de la Inmaculada, situada en la hornacina central, acompañada en los laterales de las imágenes de San Joaquín y Santa Ana. Esta iglesia también reúne un amplio conjunto pictórico, cuya temática responde en su mayoría a pasajes de la Vida de San Juan de Dios.                   Iglesia de San Juan de Dios (Dirección:C/ Infante Don Fernando, 67):  Cuando la orden de los Padres Hospitalarios de San Juan de Dios llega a Antequera, en la segunda mitad del siglo XVII, se inician las obras de la iglesia que lleva su nombre y que se prolongarían hasta finales del XVIII. La fachada de San Juan de Dios se compone de un rectángulo flanqueado de dos grandes pilastras toscanas y entablamento, sobre el que se sitúa la espadaña. Todo ello se realizó en piedra arenisca procedente de las ruinas de la ciudad romana de Singilia Barba, en las inmediaciones de lo que hoy es Antequera, con excepción de la portada que es de caliza roja del paraje natural de El Torcal. Lo más importante del templo es el interior, joya del barroco andaluz, gracias a su decoración de blancas y movidas yeserías, algunas ribeteadas y fondeadas de azul, en las que predominan los motivos vegetales y animales, aunque también representan ángeles. Estos motivos ornamentales llegan a su máxima expresión en la cúpula del crucero, que sobre todo de día atrae la atención de los visitantes. El retablo mayor cuenta con una bella escultura de la Inmaculada, situada en la hornacina central, acompañada en los laterales de las imágenes de San Joaquín y Santa Ana. Esta iglesia también reúne un amplio conjunto pictórico, cuya temática responde en su mayoría a pasajes de la Vida de San Juan de Dios.

Iglesia San Miguel (Dirección: Calle de San Miguel, 41): La obra actual la debemos al maestro alarife Nicolás Mejías, realizándola entre los años 1784 y 1785. En 1954, se llevaron a cabo un importante número de obras, así que de la obra de Mejías sólo se conserva la capilla mayor, el camarín de ésta y la espadaña. El resto del templo se hizo prácticamente nuevo, siguiendo los diseños similares al antiguo, si bien se aumentó la altura de la nave central. Además se incorporó la portada de caliza roja procedente de la antigua iglesia de las Huérfanas. En la actualidad el elemento arquitectónico de mayor interés lo constituye su espadaña de ladrillo, con dos cuerpos sobre el nivel del tejado, apeados sobre una especie de peana panzuda. El primero de ellos abre dos huecos con arcos de medio punto entre pilastras toscanas, esquema que se repite en el cuerpo superior que es de un solo hueco; jarrones de cerámica vidriada y el amplio vuelo de las cornisas contribuyen a definir su silueta. La imagen titular de San Miguel, que preside el camarín del retablo mayor, es una escultura de tamaño algo menor del natural y obra del siglo XVI. La peana sobre la que aparece es obra de estilo rococó.
Iglesia San Pedro (Dirección: C/ San Pedro): La primitiva iglesia San Pedro se construyó en el año 1522. Pronto este templo quedó pequeño comenzando nuevo las obras en el año 1574 aunque, dada la escasez medios y lo ambicioso la obra, se prolongó durante bastante tiempo. Nada sabemos su proyectista inicial, aunque en los años 1627 y 1636 las obras fueron dirigidas por el arquitecto la Catedral Málaga, Pedro Díaz Palacios. Este gran templo hay que insertarlo en el grupo iglesias que en Antequera se han calificado, como iglesias columnarias renacentistas. Sin embargo éste en relación con los otros dos, Santa María y San Juan, se cubre con bóveda crucería gótica y no con armaduras mudéjares como los anteriores. El salón columnas San Pedro resulta gran magnitud, pero pobre en decoración. Las naves presentan seis tramos, con bastante menor altura en los dos primeros tramos las laterales. Los apoyos internos son pilares planta quebrada y altísimas columnas fuste liso, respondiendo a un modelo más gótico que renacentista. Las bóvedas crucería gran sencillez, están decoradas con yeserías estilo barroco en la cabecera la nave del Evangelio. El testero la Capilla Mayor esta ocupado por un retablo yeserías policromadas que debieron realizarse en el primer tercio del siglo XVIII. Presenta dos cuerpos y ático, en el que se distribuyen, embutidos en marcos yeso, trece lienzos. El cimborrio o baldaquino que aparece superpuesto manera un tanto arbitraria sobre este retablo, procedía la capilla mayor Santa María y debió trasladarse en torno a finales del siglo XVIII. Bajo él, se hizo un pequeño retablo con columnas corintias sobre las que voltea un entablamento denticulado en forma medio punto. Entre las obras arte que encontramos repartidas por la iglesia destacaremos varias casi todas correspondientes al siglo XVIII. En la nave del Evangelio, a sus pies, encontramos un interesante lienzo la Virgen del Silencio. También en esta nave encontramos la capilla Nuestra Señora del Consuelo, cuyo arco se decora con una enmarcadura arquitectónica yeserías policromadas. La imagen la Virgen del Consuelo es una dolorosa vestir del siglo XVIII. La cabecera la nave está ocupada por un aparatoso retablo la primera mitad del siglo XVIII; en él encontramos varias esculturas interesantes, como son un San Antonio y un San Francisco Javier del siglo XVII. La hornacina central la ocupa una Inmaculada tamaño menor del natural estilo rococó. Junto a la puerta la sacristía, ya en la nave la Epístola, hay un retablito fines del siglo XVIII, con un interesante Niño Jesús Pasionario, tamaño menor del natural. En este mismo testero, encontramos un lienzo escuela sevillana, que representa a Cristo difunto rodeado ángeles jóvenes. El siguiente retablo es el la Virgen los Afligidos, retablo madera dorada y composición muy sencilla. Desde el punto vista arquitectónico, destaca el siguiente espacio, la capilla Animas, que decora su bóveda y embocadura del arco con importantes yeserías. El retablo principal es del siglo XVIII. En la hornacina central, entre las figuritas las Animas en las llamas, se alza la figura del Cristo la Misericordia, crucificado algún discípulo Pedro Mena. Los retablos laterales son del siglo XVIII y están ocupados por la Virgen la Antigua, imagen del siglo XVI y otras esculturas menor valía. Antes llegar a la capilla bautismal encontramos la importante escultura del Cristo las Penas, crucificado del siglo XVII muy elaborada anatomía, que presenta la particularidad tener los brazos casi verticales, según proponían los jansenistas. Ya en la capilla bautismal hay poco que reseñar a no ser un lienzo del Bautismo Cristo cierta calidad y la propia pila bautismal, realizada en piedra caliza roja El Torcal y fechada en el siglo XVI. La sacristía es planta rectangular y se cubre con bóveda medio cañón, dividida en tres tramos por arcos fajones. Son interesantes las pinturas en grisalla que aparecen sobre los medios puntos. Como piezas interesantes este espacio encontramos la mesa central y el aguamanil, realizados en caliza roja El Torcal.
Real Monasterio de San Zoilo (Dirección: Plaza San Zoilo): Los Reyes Católicos, por Real Cédula dada en Granada el 18 de Septiembre de 1500, concedían licencia a la ciudad para ceder terreno a los Franciscanos Observantes, para fundar monasterio y huerta. La iglesia, planteada dentro del estilo gótico tardío o Reyes Católicos, responde al esquema de templo franciscanista de la época, de nave cubierta con armadura de madera y capilla mayor con bóveda de crucería, aunque todo ello muy modificado con magníficas yeserías en el período manierista. La planta de la iglesia es irregular. En la nave del Evangelio, que tiene mayor desarrollo, presenta siete tramos, mientras la de la Epístola sólo tiene dos. De la primitiva obra gótica se conservan todavía algunas bóvedas en las naves laterales y la grande de la capilla mayor, así como la portada de la iglesia. Esta última es un ejemplo interesantísimo, realizado en piedra arenisca, que se compone de arco carpanel con arquivoltas, y finas columnillas en disminución de grosor hacia la luz de la puerta, todo ello decorado con el cordón franciscano anudado. A una época posterior a la fundación del monasterio pertenecen la tapia almenada del compás, con portada de fines del siglo XVI y las dos espadañas. La mayor de ellas fue costeada en parte por la ciudad en 1599; la otra, que es la de la capilla de la Sangre y Vera-Cruz, se construyó ya avanzado el siglo XVIII. En el interior del templo destaca, como elemento importante de cubrición, la armadura mudéjar de la nave central, en la que el habitual lazo se sustituye por una vistosa decoración polícroma, hoy bastante deteriorada. Un gran arco toral apuntado, en cuya clave se añadió una enorme y extraña cabeza, sostiene una cartela de formas protobarrocas, que da paso a la capilla mayor. En ésta, destaca su bóveda de crucería, redecorada con yeserías. El retablo mayor se componía, hasta finales del siglo XVIII, de catorce lienzos de Antonio Mohedano. El actual es obra del retablista antequerano Antonio Palomo. Su estilo general es de transición rococó-neoclásica. El camarín central lo ocupa la imagen de Nuestra Señora de la Vera-Cruz, bella dolorosa realizada por Jerónimo Brenes en 1614. A ambos lados del retablo mayor, en el presbiterio, cuelgan dos buenas copias de originales de Rubens. A los pies de la nave el Evangelio se encuentra la capilla de la antigua Cofradía de Flagelantes de la Sangre y Santa Vera-Cruz, recientemente restaurada. Destacan en ella la gran bóveda estrellada de crucería y el camarín barroco del Nazareno de la Sangre, construido en 1720 y posteriormente reformado. La imagen del Nazareno fue hallada por Diego de Vega hacia 1580. El Santo Cristo Verde es obra de Jerónimo Quijano. En el aspecto pictórico destacan dos interesantes lienzos, que encontramos antes de llegar al cancel: El Martirio de San Andrés y Los Mártires del Japón, muy curioso este último por su temática poco común.
Convento de Santa Clara (dirección: C/Sta. Clara 3): El antiguo convento de Santa Clara de la Paz fue fundado por las monjas Clarisas Franciscanas el año 1603, si bien las obras de la actual iglesia no comenzaron hasta 1633 según proyecto del arquitecto Fernando de Oviedo. A esta época corresponde la zona de los coros alto y bajo y el llamado ‘Claustrillo de los jazmines’, dentro de un estilo manierista. La capilla mayor, añadida entre los años 1735 y 1757 bajo el patronazgo de la familia Eslava Almazán –propietarios entonces del Palacio de Nájera-, presenta un riquísimo programa de yeserías barrocas en las pechinas de su cúpula. En el exterior destacan la espadaña del siglo XVII, levantada por el alarife Juan Muñoz Barrientos, y la portada almohadillada de ladrillo de mediados del siglo XVIII que se atribuye al alarife Nicolás Mejías, autor de la torre-mirador del Museo de Antequera. El edificio, adquirido por el Ayuntamiento en 1997, es hoy sede del Centro Cultural Santa Clara, después de las importantísimas obras de rehabilitación y restauración llevadas a cabo por la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía.

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