Dando entrada a Calle Nueva encontramos este arco monumental consagrado a la imagen de Jesús Nazareno. La estructura está rematada por una hornacina donde se aloja el lienzo de la venerada imagen, seis faroles y un balcón volado. La construcción original se remonta a 1671, siendo demolido en 1959 por el riesgo de derrumbe y reinaugurado en 1963. Su reconstrucción se debe al arquitecto Francisco Pons-Sorolla y Arnau, nieto del pintor Joaquín Sorolla.”

Una leyenda popular acompaña la historia de esta singular construcción, la cual fue recogida por la poetisa antequerana Victorina Sáenz de Tejada en un romance titulado “El Nazareno de la calle Nueva”.
Existía en la ciudad un caballero llamado Luis de Zayas, conocido por la vida alocada que había seguido en su juventud, aunque abandonó sus malas costumbres casándose. Asistiendo una mañana a la iglesia de la Encarnación quedó prendado de una joven que tomaba el hábito de religiosa. Desde entonces, no pensó en otra cosa que no fuera conseguir los favores de la novicia.
Algunos meses después, obtenido el cariño de la muchacha, en una noche tormentosa se lanzó al interior del jardín donde esperaba hallar a su amada. Al no verla allí, se aventuró al interior del convento, encontrándola dormida en su celda. Tras despertar a la joven, ambos salieron al pasillo, cayendo ella de rodillas totalmente arrepentida ante una imagen de María. El hidalgo abandonó allí mismo a la joven corriendo presuroso a la calle, cayendo desvanecido al llegar a la entrada de la calle Nueva.
Al amanecer fue encontrado por algunas personas que lo acompañaron a su casa, confesándose ante su mujer, a la que contó que había visto la imagen de Jesús con la cruz sobre sus hombros al llegar a la esquina de la calle. Como muestra de su arrepentimiento, quiso expiar su culpa con la fundación de un arco sobre el que colocaría, alumbrada perpetuamente por seis luces, la imagen de Jesús Nazareno.

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